jueves, 13 de septiembre de 2012

Osiris


Osiris es el dios egipcio de la resurrección, símbolo de la fertilidad y regeneración del Nilo; es el dios de la vegetación y la agricultura; también preside el tribunal del juicio de los difuntos en la mitología egipcia.
Su nombre egipcio es Asir o Usir. En castellano suele nombrársele con la forma helenizada Osiris (del griego Όσιρις).
A Osiris se le representa casi siempre momificado, con la piel verde o negra, una corona Atef, el cayado (heka) y el látigo (mayal o nebeh) o el cetro uas. El pilar dyed era su objeto sagrado. Aunque raramente, también se le representó con forma cocodrilo, toro negro, garza, can o de gran pez.
Osiris, como dios agrario, tiene la piel de color verde pues simboliza el color de la vegetación y la regeneración. El negro está asociado a la tierra negra y fértil que en cada inundación del Nilo aportaba nueva vida al campo. Hay una fuerte conexión simbólica entre el negro y la tierra fértil de Egipto: Kemet.
Era el jefe de la tríada Osiriaca, formada por Osiris, Isis (su mujer) y Horus (su hijo). El mito de Osiris introduce en la religión las nuevas ideas del bien y del mal. En el mito inicial, Osiris (el bien), es asesinado por su hermano Seth (el mal), quien lo arroja al Nilo, en donde lo encontrará Isis que con su amor le devuelve la vida. Con esa resurección se establece el triunfo del bien sobre el mal.
Osiris fue un héroe cultural, rey mítico, fundador de la nación egipcia, que enseñó a los hombres la civilización, las leyes, la agricultura y cómo adorar a los dioses. Muere como hombre pero resucita como inmortal gracias a Thot. Es el responsable de juzgar a los muertos en la Duat, donde está acompañado por 42 dioses-jueces (uno por cada nomo) que dictaminarán lo que acaecerá al difunto.

Fuentes que se hacen eco de este mito son: Tratado de Isis y Osiris de Plutarco, textos de Diodoro de Sicilia, y los Textos de las Pirámides:
Osiris es hijo de Geb y Nut, fruto de una intriga amorosa. Cuando Ra se entera de la infidelidad de su esposa, decreta la imposibilidad de parirlo en ningún mes del año. Thot, otro amante de Nut, jugando una partida con la Luna (Jonsu), consiguió ganarle una 72ª parte de cada día del año, con la que compuso cinco días que añadió al año egipcio de 360 días. Es el origen mítico de los cinco días epagómenos, considerados fuera del año, y exentos de la maldición de Ra. Por eso, Osiris nace el primer día de ellos.
En los días epagómenos, nacieron en orden de días:
Osiris, fue considerado un día desafortunado.
Horus "El Viejo", fue considerado un día afortunado o desafortunado.
Seth, fue considerado un día desafortunado. Nació rasgando el costado de su madre.
Isis, fue considerado un día afortunado.
Neftis, fue considerado un día desafortunado.
Mediante una trampa artera, su hermano Seth lo asesinó, cortando su cuerpo en catorce pedazos que esparció por todo Egipto. Su esposa y hermana Isis recuperó amorosamente todos los miembros, excepto el viril, que se había comido el pez oxirrinco. Con la ayuda de su hijo adoptivo, Anubis lo embalsamó y, posteriormente, Isis con su poderosa magia logró insuflar nueva vida al cadáver momificado de Osiris, quedando embarazada de él. Engendraron así a su único hijo, Horus, quien vengó la muerte de su padre, desterrando a Seth al desierto y recuperando el trono de Egipto, mientras que Osiris permanecería como rey de los muertos, en los fértiles campos de Aaru.
En los textos funerarios, como el Libro de los Muertos, el faraón difunto se identifica con Osiris, rey de los muertos, del mismo modo que en vida lo había hecho con su hijo Horus.
En el Reino Nuevo, en los textos funerarios se funde con Ra; así Osiris es el sol difunto y, en

Heracleópolis Magna, se le denomina Osiris Naref. Otro nombre por el que se le conoce es Unnefer ("el que pone de manifiesto el bien"). "Príncipe de los dioses de la Duat" como dios de la muerte y del Más Allá, aunque, en un principio era un dios agrario que fue adoptando rasgos de otros dioses; genio de los cereales, espíritu de la vegetación y ante todo dios de la resurrección; los Textos de los Sarcófagos del Reino Medio lo identifican con el grano y con el trigo, símbolo de la semilla que muere para renacer más tarde en forma de espiga.
Entre las creencias del Antiguo Egipto destaca el mito de la inmortalidad humana. Durante el Imperio Antiguo se creía que sólo el faraón, al morir, se convertían en un dios, alcanzando la inmortalidad en la Duat con todas sus prerrogativas. Durante el Primer Periodo Intermedio estas creencias también se extienden a los altos funcionarios que al morir se convertían en un Osiris, gozando de la inmortalidad en la Duat con todos sus derechos. Sólo en el último periodo, el resto de los mortales se harían merecedores de alcanzar una vida inmortal en el Más Allá, siempre que pudieran cumplir unos rituales muy precisos.
Los egipcios vieron en la resurrección de Osiris la promesa de una vida eterna. Creían que todos los hombres vivirían eternamente, en el Aaru, si se realizaban ceremonias funerarias similares a las efectuadas con Osiris, muerto y resucitado. Así desde el Imperio Medio era costumbre, en los textos funerarios, nombrar al difunto con el apelativo de "Osiris".
En Abidos se celebraban los "Misterios de Osiris", una de las más importantes festividades durante el Imperio Medio; consistían en rememorar la muerte, entierro y resurrección de Osiris, con la consiguiente promesa de vida eterna para los asistentes y sus difuntos. Constaba de cinco partes:
la procesión, encabezada por Upuaut, que culminaba en un combate contra los enemigos de Osiris, como simbolismo de la expulsión de las fuerzas del caos;
la procesión funeraria de Osiris, como Jenty amentiu, por la necrópolis de Abidos;
el viaje en barca del dios hasta Poker, donde estaba su mitológica tumba (la que fue del faraón Dyer);
la noche de vigilia del difunto Osiris, con su posterior regeneración, transfiguración en espíritu y coronación (la parte más desconocida y secreta de los misterios);
el retorno gozoso de la imagen del dios a su templo de Abidos, entre la alegría general.
Según la tradición, en los catorce lugares donde Seth enterró cada parte del cuerpo de Osiris, los egipcios erigieron un templo:

En Abidos estaría su cabeza, y era Osiris-Jenti-Amentiu, el "Señor de los Occidentales"; se le erigió un gran santuario de peregrinación para los egipcios. Era venerado como símbolo de la vida eterna.
En Busiris estaría la columna vertebral (asociada al pilar Dyed), y era dios principal de esta ciudad, de donde procedía la divinidad.
En Letópolis estaría el hombro izquierdo, o el cuello, siendo Horus su guardián.
En Atribis estaría su corazón.
En Menfis también declaraban que estaba su cabeza.
Dios muy popular, originario de Busiris, fue venerado principalmente en Abidos (Osireion), Bubastis y Mendes. También fue venerado en las islas de Biga y de File, donde había una tumba del dios; en Canopus era representado en forma de vasija con cabeza humana.
Estudiosos en mitología comparada tienen fuertes razones para pensar que gran parte del Jesucristo mítico fue el resultado de la adaptación de elementos osiriacos en la formación de su personaje. En el mito de Osiris existen varios elementos que posiblemente hayan sido tomados por los creadores del cristianismo. Por ejemplo: Osiris después de morir asesinado por su malvado hermano Seth, es resucitado por la diosa Isis en "tres días", luego "asciende a los cielos" y es el dios que "juzga a los muertos" en la Duat, como se dice de Jesucristo.
Autores y académicos bíblicos como Llogari Pujol, Timothy Freke, Bojana Mojsov y Robert Beckford opinan que la fiesta de Abydos para la conmemoración de la resurrección de Osiris, coincide con las fechas de la Semana Santa, también ven alguna conexión en la teofagia osiriaca y la Eucaristía, cuando sus devotos se comían a Osiris en forma de pan y tomaban el vino representando a su sangre. Pujol muestra el su libro "Jesucristo 3000 años antes de Cristo" las múltiples conexiones entre Jesucristo y el culto egipcio a Serapis, el Osiris helenizado. Sobre el mismo tema, el egiptólogo Ariel Villazón incluso ve similitudes fisonómicas entre las estatuas de Serapis y la imagen tradicional de Jesús (hombre barbado de cabello largo).
El mito de Osiris es el mito más elaborado e influyente en la mitología del Antiguo Egipto. Trata sobre el asesinato del dios Osiris, un rey de Egipto primitivo, y sus consecuencias. El asesino de Osiris, su hermano Seth, usurpó su trono, mientras que la esposa de Osiris, Isis,

recuperó el cuerpo de su esposo y concibió póstumamente un hijo con él. El resto de la historia se centra en Horus, el producto de la unión de Isis y Osiris, quien primero era un niño vulnerable protegido por su madre y después se convierte en el rival de Seth al trono. Su, a menudo, violento conflicto termina con el triunfo de Horus, que restablece el orden en Egipto después del injusto reinado de Seth y completa el proceso de resurrección de Osiris. El mito es esencial a las concepciones egipcias de reino y sucesión, conflicto entre el orden y el desorden y, especialmente, la muerte y el más allá. También expresa el carácter fundamental de cada una de las cuatro deidades y su centro, y muchos elementos de su culto en la religión del Antiguo Egipto derivaron del mito.
El mito de Osiris tomó su forma esencial en torno o antes del siglo XXV a. C. La mayor parte de sus elementos se originaron en ideas religiosas, pero el conflicto entre Horus y Seth puede haber sido parcialmente inspirado en una lucha regional en la historia temprana o prehistoria de Egipto. Se ha intentado discernir la naturaleza exacta de los eventos que habrían dado origen a la historia, pero no se han conseguido conclusiones definitivas.
Partes del mito aparecen en una amplia variedad de textos egipcios, desde textos funerarios y conjuros mágicos hasta cuentos. La historia es, por tanto, más detallada y cohesiva que cualquier otro mito del Antiguo Egipto; sin embargo, ninguna fuente egipcia brinda un relato completo del mito y las fuentes varían mucho en su versión de los eventos. Escritos griegos y romanos, particularmente, De Iside et Osiride de Plutarco, proporcionan bastante información, pero no siempre reflejan fielmente las creencias egipcias. Por medio de estos escritos, el mito de Osiris persistió, mientras se perdía el conocimiento de la mayoría de las creencias egipcias antiguas, y aun hoy en día es bien conocido.
EL JUICIO DE OSIRIS
El juicio de Osiris es el acontecimiento más importante y trascendental para el difunto, dentro del conjunto de creencias de la mitología egipcia. En la Duat, el espíritu del fallecido era guiado por el dios Anubis ante el tribunal de Osiris. Anubis extraía mágicamente el Ib (el corazón, que representa la conciencia y moralidad) y lo depositaba sobre uno de los dos platillos de una balanza. El Ib era contrapesado con la pluma de Maat (símbolo de la Verdad y la Justicia Universal), situada en el otro platillo. Mientras, un jurado compuesto por dioses le formulaba preguntas acerca de su conducta pasada, y dependiendo de sus respuestas el corazón disminuía o aumentaba de peso. Dyehuty, actuando como escriba, anotaba los resultados y los entregaba a Osiris. Al final del juicio, Osiris dictaba sentencia: Si esta era afirmativa su Ka (la fuerza vital) y su Ba (la fuerza anímica) podían ir a encontrarse con la momia, conformar el Aj (el "ser benéfico") y vivir eternamente en el Aaru (El Paraíso en la mitología egipcia). Pero si el veredicto era negativo, su Ib era arrojado a Ammit, la devoradora de los muertos (un ser con cabeza de cocodrilo,piernas de hipopótamo y melena, torso y brazos de león ), que acababa con él. Esto se denominaba la segunda muerte y suponía para el difunto el final de su condición de inmortal; aquella persona dejaba de existir para la historia de Egipto. El término "justificado" o "con justa voz" designa la condición del difunto que pasa con éxito la prueba del juicio ante el tribunal de Osiris. Esta escena llamada por los traductores griegos "psicostasis" o "pesaje del alma" constituye el capítulo 125 del Libro de los Muertos, más exactamente llamado "libro para salir al día" del egipcio r n prt m xru. El difunto tenía que cumplir varios requisitos para que este veredicto fuera favorable: sólo lo merecía aquél que podía presentar una conducta intachable. Las oraciones del Libro de los Muertos, además de servir para mostrar a los dioses un relato de vida sin faltas, eran una propuesta de comportamiento moral: “No he cometido iniquidad respecto de los hombres; no he matado a ninguno de mis parientes; no he mentido en lugar de decir la verdad; no tengo conciencia de ninguna traición; no he hecho mal alguno; a nadie he causado sufrimiento; no he sustraído las ofrendas a los dioses...”

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